En privado

El “caco” de las bibliotecas se da a la fuga

RAQUEL MARTÍNEZ – IRENE LOZANO

La oleada de robos que se produjo en las bibliotecas de la Universidad de Zaragoza a finales del curso pasado no se ha repetido a principios de este. Todo fue obra de una persona concreta, que la Unidad de Seguridad del campus, con el apoyo de la Policía Local y del propio personal de la Universidad, logró identificar aunque no llegó a detener.

Ir al baño, salir a fumar, coger un café de la máquina o incluso hablar con un compañero de la mesa de al lado. Estas fueron las situaciones que aprovechó el “caco” de la Universidad de Zaragoza para actuar en las bibliotecas de las facultades. Seis portátiles, varios teléfonos móviles y algún monedero fue el botín que, en plena época de exámenes finales, consiguió reunir.

Pablo Ibáñez, estudiante de Física, fue una de las víctimas: “Salí a comer y cuando volví me di cuenta de que me habían robado la mochila con el ordenador, las gafas nuevas, el cargador y el monedero”. Ibáñez estaba en la Facultad de Ciencias, una de las más afectadas junto con la Biblioteca de Medicina y el Pabellón de Filosofía y Letras. El conserje de esta última facultad afirma que los robos se podían haber evitado: “La gente viene a estudiar, se levanta al baño tres minutos y sus cosas desaparecen…eso es lo que no se puede hacer, si vas al baño tienes que dejar las cosas a un amigo para que las vigile”.

El director de la unidad de seguridad de la Universidad, Luis Laspuertas, explica que se trató de “un sujeto concreto” y que gracias al aumento de la video-vigilancia móvil se consiguieron imágenes del sospechoso: “Sabíamos cómo era físicamente, aunque no conseguimos cogerle”.

Como los hurtos continuaban, la unidad de seguridad contó con el apoyo de la Policía Local de Zaragoza: “La policía estaba al tanto, de hecho vinieron dos policías de paisano durante varios días a vigilar las bibliotecas”, explica Luis Laspuertas, “incluso un estudiante se encaró con el ladrón al ver que salía de la facultad con su portátil, mandamos a un vigilante de seguridad pero no llegó a tiempo”, señala el director.

Las imágenes del sospechoso se distribuyeron entre las conserjerías de las distintas facultades para poner sobre aviso a los trabajadores. El responsable de la biblioteca de medicina apunta que les pidieron identificar a un chico de mediana edad con una camiseta verde, de hecho, “pedimos el DNI a un joven que se ajustaba a la descripción del sospechoso pero resultó que no era el famoso ladrón”, declara.

“Por suerte, este curso, el caco no ha vuelto a asomarse por las bibliotecas de la Universidad”, señala Ana Romero, responsable de la hemeroteca de la Facultad de Medicina.

Aun así, los estudiantes no pierden de vista sus pertenencias desde los sucesos de este verano: “cuando salgo a descansar nunca dejo mis cosas en la biblioteca, no todo el mundo roba, pero nunca se sabe”, dice Leire Samaniego, estudiante de Medicina.

Además de no tener más noticias del caco, el curso ha comenzado con una buena acción: “el otro día una chica de mi clase se dejó el ordenador y una estudiante de la biblioteca lo llevó a la conserjería”, cuenta Leire.

Esperemos que el caco no vuelva a aparecer por la Universidad de Zaragoza este curso.

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