La lupa

El tesoro escondido de la Facultad de Ciencias

CRISTINA LÓPEZ DUMALL

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Julio Amaré muestra el funcionamiento de un cinematógrafo

En el segundo piso de la Facultad de Ciencias hay una puerta por la que nadie entra. Sobre ella se puede leer un letrero que reza “Museo”, aunque realmente su interior no se corresponde con esa descripción. En su lugar hay unas estrechas escaleras que llevan a un almacén. Estaba destinado a ser un espacio para exposiciones, pero por razones de seguridad, se tuvo que dejar de lado ese proyecto. En la actualidad, filas y filas de estanterías y mesas de laboratorio anticuadas albergan el mayor tesoro de la Facultad. Cientos de instrumentos científicos yacen abandonados. Algunos de ellos datan del final del siglo XIX. Otros son más recientes, pero todos ellos se acumulan en el torreón.

El responsable de su conservación es el profesor Julio Amaré, que durante años ha ido elaborando un inventario. En él hay más de mil fichas: barómetros, termómetros, voltímetros, litografías y balanzas, entre otros muchos artículos, forman esta amplísima colección. Aunque algunos de ellos todavía funcionan, la mayoría se han ido quedando obsoletos, por lo que, a medida que se iban remplazando por otros nuevos, han acabado en este almacén. Pero no todos se encuentran allí, ya que unos doscientos artículos forman la exposición INSTRUMENTA, que puede visitarse en los vestíbulos A y D de la Facultad.

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Hace algunos años, el Ayuntamiento de Zaragoza puso a disposición de la Universidad la antigua harinera de la ciudad para que se pudiera montar un Museo de la Ciencia. El problema era que el dinero necesario para su puesta en marcha debía proceder del Gobierno de Aragón, y al final, no se hizo nada. No obstante, Julio Amaré considera que hay material necesario como para que el proyecto salga adelante.“He visto museos con menos instrumentos científicos, como el de Valencia, en el que la carencia de utensilios se suple con audiovisuales”, argumenta.“En Zaragoza se podría hacer un Museo de la Ciencia, modesto, pero bien hecho, si las autoridades se decidieran”, añade. En su opinión, se podría aprovechar alguno de los espacios libres de la ciudad, como los edificios de la Expo. “Sería una buena forma de promocionar ambos lugares”, señala, aunque admite que un Museo de la Ciencia no sería un buen negocio, “ni debe serlo”, asegura.

Ante esta situación, Amaré muestra su preocupación por el futuro. “Cuando nos jubilemos la profesora de Biología y yo – los responsables de la conservación de la colección – no sé quién se hará cargo de este almacén”, reflexiona. No obstante, Julio Amaré asegura que la decana de la Facultad está al tanto de la situación y les está apoyando, aunque la falta de fondos condiciona ese apoyo. Mientras tanto, los instrumentos siguen cogiendo polvo en una sala olvidada de la Facultad.

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